Afiche de Oktubre, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, 1986

Tiempos de Frères  ·  Música

Oktubre cumple 40 años

Cuarenta años de Oktubre: la tapa que Rocambole serigrafió a mano con tres colores, el encadenado dibujado en diez minutos con Liquid Paper, y cómo un disco sin sello grande ni videoclip terminó en remeras, paredes y tatuajes de todo el país.

Por Juan Cruz Agoglia  ·  04.10.2026  ·  18 min

Para leer con el disco de fondo

Hay discos que desde el primer acorde podemos reconocerlos. Oktubre es, sin dudas, uno de ellos.

¿Pero cuántos son reconocibles por una pintura en la calle? ¿Por el tatuaje de un familiar, por una bandera colgada en el balcón de un vecino? ¿Cuántos de nosotros conocimos antes el OKTUBRE rojo, con esa especie de letra cirílica rusa, en un grafiti de una pared de nuestro barrio, que una canción del disco?

Afiche de Oktubre, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, 1986
Rojo, negro y gris sobre el blanco del papel. Cuarenta años después, la imagen se reconoce desde la otra cuadra.

Este año se cumplen 40 años de su lanzamiento y, más allá de las canciones que lo componen, hay algo que sigue llamando la atención: Oktubre tiene un universo propio. Un lenguaje visual, sonoro y conceptual que hace que, cuando aparece una de sus imágenes, sepamos inmediatamente de qué estamos hablando. Y qué vamos a escuchar.

01 · Rocambole

Mucho más que el de las tapas

Y para entender cómo se construyó ese universo hay que hablar de alguien que muchas veces aparece detrás de las tapas, pero que en realidad fue mucho más que eso: Rocambole.

Detrás de ese nombre está Ricardo Cohen, un artista plástico, diseñador gráfico y docente. Su relación con Los Redondos comienza a fines de los años 70, cuando todavía no habían editado ningún disco. Él realizaba sus, a día de hoy, icónicos afiches anunciando las presentaciones en vivo de la banda. Pero su trabajo rápidamente fue mucho más allá de una ilustración aislada: participó en la construcción de la imagen de Los Redondos a través de tapas de discos, afiches, volantes, entradas, escenografías y otras piezas vinculadas a sus shows.

Rocambole con la tapa de Oktubre
Rocambole y su tapa. El único integrante de los Redondos que no aparece en los créditos de ningún instrumento.

Es decir: Rocambole no era simplemente el diseñador al que llamaban cuando había que hacer una tapa. Era parte del universo de la banda, casi como un integrante más, y fue construyendo, pieza por pieza, un lenguaje visual que terminó siendo histórico.

¿Pero por qué? Simple: porque para Los Redondos el proceso creativo implicaba música, poesía e imagen, entendidas como un todo, una obra total.

En una entrevista, hablando específicamente del disco, explicó que no buscaba "ilustrar" la música, sino que la imagen fuera una parte sustancial del mensaje. Si se quitaba una de esas partes, el mensaje quedaba incompleto.

02 · La tapa, 1986

Una tapa que no es solamente una tapa

Para Oktubre, la idea empezó antes de que existiera la imagen definitiva.

Rocambole cuenta que hubo una reunión en la que comenzaron a poner en común ideas y a construir una especie de narrativa. Algunos integrantes habían ido a ver al Coro del Ejército Rojo en el Luna Park y habían quedado impresionados por la puesta en escena, con sus uniformes, sus formaciones y sus banderas rojas, tan asociada a las grandes revoluciones.

El Coro del Ejército Rojo
El Coro del Ejército Rojo. Uniformes, banderas y una puesta que en el Luna Park se vio como una tapa de disco.

A partir de ahí apareció una idea mucho más amplia: hacer un disco que funcionara como una especie de homenaje a una revolución. Particularmente, a la revolución rusa de 1917.

Rocambole recibió esas ideas, las imágenes que aparecían en las canciones y las conversaciones con la banda, y empezó a trabajar sobre ese universo.

La primera versión de la tapa estaba mucho más marcada por el rojo y el negro. Después apareció el gris, cuando la imagen empezó a volverse más compleja y abstracta. La multitud, las banderas, los cuerpos, el movimiento y la tipografía terminaron formando una imagen que remite inmediatamente a una estética revolucionaria y a la iconografía política del siglo XX.

Y vale la pena detenerse en la imagen en sí, porque es más densa de lo que parece a primera vista. En el frente, una masa de rostros anónimos levanta banderas rojas. La paleta se reduce casi por completo a rojo, negro y blanco (los colores históricos del anarquismo, según el propio Rocambole), con ese toque de gris sumado casi al final. La estética mezcla el arte soviético de esa época con Los desocupados, unos cuadros de Antonio Berni sobre trabajadores. Y en la contratapa, casi como una firma, aparece la Catedral de La Plata en llamas.

Manifestación, de Antonio Berni, 1934
Manifestación, de Antonio Berni, 1934. Mirá las caras y después mirá la tapa.

Claro, la imagen debía tener pocos colores, no nos olvidemos que estamos hablando de la banda independiente más grande de la historia de la música. Rocambole serigrafiaba él mismo las tapas de los discos que después se distribuían en los shows de la banda.

Rocambole no hizo esa tapa pensando en que terminaría reproducida a lo largo de todo el país, en remeras truchas, en tatuajes y en posters. Pero la limitación que lo obligó a simplificar la imagen fue, sin que nadie lo buscara, lo que después le permitió escaparse del disco y multiplicarse mucho más allá de él.

Bandera de Oktubre en un recital
La misma imagen, pero en una bandera de tribuna. El cartel soviético terminó flameando en un estadio argentino.

03 · El encadenado

Diez minutos y un Liquid Paper

Ahora, hay una imagen que todos asociamos con Oktubre y que en realidad no estaba en la tapa original del 86: la del esclavo rompiendo las cadenas. Esa la dibujó Rocambole después, medio de apuro, antes de que cerrara la redacción de un diario donde iban a publicitar una presentación de Los Redondos en el estadio Obras. Agarró una cartulina negra, Liquid Paper, y en diez minutos armó algo que ya tenía dando vueltas en la cabeza hacía tiempo, inspirado en una línea del Himno Nacional: "oíd el ruido de rotas cadenas".

El hombre encadenado de la gráfica de Patricio Rey
Liquid Paper sobre cartulina negra, un aviso de diario. Hoy está tatuado en medio país.
Aviso de un recital de los Redondos en el diario Flyer de los Redondos ilustrado por Rocambole

Después de esa fecha en Obras, la Negra Poli (mánager de la banda, y otra figura fundamental en toda esta historia) le comentó a Rocambole que la gente ya se había apropiado de la imagen, y que estaría bueno sumarla a la contratapa cuando llegara la reedición en CD. Así fue como esa imagen terminó siendo, en mi humilde opinión, la identidad visual más importante en la historia de la música argentina. Ni el propio Rocambole termina de explicar del todo por qué pega tanto. Dice que debe representar, en algún lugar del inconsciente colectivo, la idea de la libertad.

Zapatilla pintada con el encadenado de Oktubre Grafiti de Oktubre en una pared Tatuaje del encadenado de Oktubre

Los Redondos fueron, desde sus inicios y hasta el final, una banda sin discográficas ni distribuidoras multinacionales. Trabajaron en conjunto con empresas chicas e independientes, como DBN para la distribución, para tener el control total de su arte y no depender de direcciones ni mandatos de gente de arriba. Oktubre salió por Wormo, un sello independiente que no tenía nada que ver con las grandes discográficas, sin difusión radial, sin videoclips rotando en televisión, sin ninguna de las herramientas que en 1986 hacían que un disco se instalara en la cultura popular. La identidad visual de Oktubre no se impuso desde el marketing: se impuso porque el sistema completo (la imagen, la tipografía, el concepto) era tan sólido que la gente lo adoptó como propio, lo replicó a mano, lo llevó a lugares donde ninguna discográfica grande lo hubiera llevado nunca. Es identidad construida al revés de como se construye hoy: no de arriba hacia abajo, sino desde el under hacia una multitud entera.

Sin necesidad de sellos discográficos.

Historieta de Oktubre
Cuando una imagen es de la gente, la gente la sigue dibujando.

04 · El sonido · Las letras

El sonido también construye la identidad

Oktubre salió en 1986, en un momento en el que Los Redondos estaban incorporando sonidos diferentes a los de su primer disco. Para lograrlo, Skay y el Indio convocaron a dos productores puntuales: Daniel Melero y Claudio Fernández, que llegaban de contextos distintos, fueron los encargados de aportarle esa atmósfera oscura y tensa, con sintetizadores y ritmos más electrónicos, que hacen que Oktubre no suene al típico disco de rock tradicional.

El contexto argentino también era importante. La escena post punk local estaba creciendo y existía una conexión cada vez mayor entre el rock, la electrónica y las nuevas formas de hacer música.

Si nos acercamos a las letras (más allá de la tensión musical) y a la poesía del Indio, todo toma más forma todavía: escuchamos una sociedad atravesada por el consumo, la propaganda, la paranoia, la guerra, la cultura de masas y la sensación de que algo (o todo) puede explotar en cualquier momento. Es un disco que genera tensión, climas oscuros y densos, pero que llega a momentos de explosión y energía como en Jijiji, Divina TV Führer y Ya nadie va a escuchar tu remera.

Oktubre no necesita que todas sus canciones hablen literalmente de una revolución. La revolución funciona como punto de partida para construir un mundo mucho más amplio.

El disco arranca con Fuegos de Octubre, apenas un puñado de versos que funcionan como declaración de principios: bombazos, humo, una referencia directa a la revolución rusa. Es tan corta que casi no da tiempo a asentarse, pero alcanza para dejar claro el tono de todo lo que viene después.

De ahí se pasa, casi sin aviso, a Preso en mi ciudad. Si el tema anterior mira hacia atrás, hacia 1917, este mira para adentro: la sensación de encierro y una libertad bastante contenida, en lo que era la primavera de una democracia muy reciente, que daba una sensación de fragilidad total, posterior a uno de los períodos más oscuros de la historia de nuestro país. La revolución de la tapa, acá, se vuelve algo mucho más chico e íntimo: la sospecha de que la libertad recién recuperada podía no ser tan sólida como parecía.

Y a modo de confesión les cuento: mi historia preferida del disco, sin dudas, es la de Canción para naufragios.

El Indio tomó de una revista militar el dato de que un misil podía tardar aproximadamente seis minutos en cruzar el océano y llegar hasta Rusia, y convirtió ese número en una cuenta regresiva hacia una guerra nuclear. Y esos seis minutos no eran solamente una posibilidad teórica.

La noche de Stanislav Petrov

El 26 de septiembre de 1983, el teniente coronel soviético Stanislav Petrov estaba de guardia cuando el sistema de alerta detectó misiles estadounidenses dirigiéndose hacia la URSS. Tenía que decidir si aquella señal era real y debía activar el protocolo de respuesta, o si se trataba de una falsa alarma. Petrov eligió esperar: entendió que un ataque real difícilmente comenzaría con tan pocos misiles y que el sistema podía estar equivocado. Lo estaba. Había interpretado el reflejo del sol sobre las nubes como un lanzamiento.

No sabemos si el Indio conocía esta historia ni si Canción para naufragios nació a partir de ella, pero el paralelismo es imposible de ignorar: seis minutos, una alarma, la amenaza de los misiles y una decisión de la que podía depender el mundo entero. Y ahí está la clave de toda la canción: ese error al que se refiere no es un error cualquiera, es específicamente la falsa alarma, la señal que se toma como ataque real sin serlo. Es prácticamente una descripción anticipada de lo que Petrov vivió esa misma noche de 1983.

04.10 1986 → 2026 Cuarenta años de Oktubre

05 · Cierre

Una identidad no es una tapa. Es un sistema.

Cuando hablamos de identidad visual solemos pensar en un logo, un color o una tipografía. Pero Oktubre muestra otra cosa. La identidad aparece cuando diferentes elementos empiezan a hablar el mismo idioma.

La música tiene una determinada tensión. Las letras construyen un determinado universo. La tapa utiliza determinados colores, formas e imágenes. La tipografía parece pertenecer al mismo mundo. Los afiches continúan esa estética. Las escenografías llevan esas ideas al escenario. Nada de esto tendría el mismo impacto por separado.

Y Rocambole entendió eso mucho antes de que habláramos de identidad de marca, universo visual o branding. Su trabajo con Los Redondos fue justamente construir una identidad que pudiera trasladarse de una tapa a un afiche, de un afiche a una entrada, de una entrada a una escenografía, y que sin buscarlo terminó también en una remera, una bandera, una pared, un tatuaje.

De esta nota

Joy Division, Nirvana, Ramones: las imágenes que se independizaron

Claro que hay imágenes de bandas que recorrieron el mundo entero. La tapa de Unknown Pleasures, de Joy Division, terminó en remeras de gente que ni siquiera escuchó el disco. La carita sonriente de Nirvana hoy es, para buena parte del planeta, más reconocible que sus propias canciones. El logo de los Ramones se convirtió en un ícono pop que circula solo, separado de la banda que le dio origen. Son imágenes gigantes, pero en algún punto se independizaron: se puede llevar la remera sin que importe demasiado quién la hizo o por qué.

¿Pero cuántas de esas imágenes son realmente inseparables de su obra, como lo es Oktubre en imagen y música? Acá no hay una carita ni un logo flotando por su cuenta. Hay una tapa que sigue siendo, cuarenta años después, la misma revolución que cuentan las canciones.

La misma revolución que cuentan las canciones

Carlos Alberto Solari falleció el 5 de junio de este año, y todavía nos duele. Sobre esto ya se dijo, con muchísima justicia, absolutamente todo. En el cuadragésimo aniversario de Oktubre, quizá valga la pena recordar esto: el Indio se rodeó de gente que admiraba de verdad y trabajó codo a codo con ellos para que su legado fuese gigante y popular. El Indio entendió que su música no iba a trascender solo por la poesía inigualable que él escribía, sino también por el mundo que Rocambole le construyó alrededor, y por los climas que Skay le puso al sonido. Cuarenta años después, seguimos reconociendo en la misma medida un grafiti, un riff o un solo, y la letra de una canción.

Mural del Indio Solari El Indio Solari en blanco y negro

Te extrañamos mister, en este día y cada día.

La versión corta

Un minuto y medio

La misma historia, contada por nosotros. Arranca sin sonido y con subtítulos: si querés escucharla, tocá Sonido.